Los cupones de "La Nueva Vida", por Jaume Boada Salom

Versión publicada en "Crónica Numismática" núm. 150 (julio-agosto 2003)

El movimiento cooperativista tuvo una importancia capital en Mallorca desde el final del reinado de Isabel II (1868), hasta la Guerra Civil Española (1936). Por toda la isla nacieron numerosas cooperativas que, con los años, se erigieron en un importante motor económico para muchos pueblos mallorquines y también para Palma, la capital, pero aparte de esto buscaban algo tal vez más importante: establecer una garantía ética en los productos que ofrecían, es decir, que los productos no se comercializaran adulterados (una práctica bastante común en aquella época), a un precio justo y que las ganancias de las ventas repercutiesen en beneficio de todos los socios, consumidores e incluso el propio pueblo. Es decir, su funcionamiento y filosofía era muy distinta a los de la mayoría de empresas actuales del mundo capitalista en el que vivimos.

Entre todas las cooperativas que existieron en Mallorca, la más rentable a juzgar por sus resultados, no sólo de Mallorca sino también de España, fue La Nueva Vida, una cooperativa surgida en el pueblo mallorquín de Llucmajor en julio de 1907 con un capital social de 930 pesetas y una junta directiva compuesta por hombres experimentados en los campos sindical y político. Su labor no se limitó al carácter estrictamente comercial, sino que se convirtió en un importante elemento de cohesión social dentro del pueblo, organizando numerosas actividades culturales, recreativas y educativas. De hecho, en 1908 creó una escuela nocturna, el éxito de la cual impulsó poco después la creación de una diurna. También solía celebrar otras actividades entre los vecinos, tales como excursiones, bailes de carnaval, funciones teatrales, conferencias, etc. Hay que decir que una buena parte del éxito de La Nueva Vida se debió al importante número de socios que aglutinó la sociedad durante su existencia, pasando de los 90 de 1908 a los 650 de 1928, todo un éxito si tenemos en cuenta la reducida población de Llucmajor en aquella época.

Aunque la primera y más importante sección fue la de mercaderías, en 1924 La Nueva Vida aparece estructurada en dos secciones más: tejidos y cafés. Durante los años 30, se crea la sección de panadería, dispone de un gran almacén en la calle de San Juan y de 9 tiendas por todo el pueblo. En febrero de 1930, debido al endurecimiento de las condiciones laborales por parte de los empresarios, se convocó una huelga en Llucmajor durante la cual nace una cooperativa de zapateros que se llamaría La Hormiga.

La finalidad de este artículo es el análisis de unos cupones que fueron puestos en circulación por La Nueva Vida. Hasta ahora, entre los coleccionistas que se encontraban con ellos existía la incógnita de si estos cupones funcionaban como simples vales de emergencia, como los que circularon por toda España en épocas de escasez monetaria y sobretodo durante la Guerra Civil, es decir, como un elemento dinerario con un valor facial total aceptado para pagar un bien. Aunque éste sería el uso que desearíamos atribuirle los coleccionistas para considerar estos ejemplares como "moneda", parece ser que no es del todo así.

Estos cupones se entregaban a quienes compraban género en la cooperativa en función del valor de sus compras, fuesen o no socios, pues la cooperativa estaba abierta a todo el mundo. Así, una persona que compraba por valor de, digamos, 5 pesetas con 50 céntimos, recibía vales por un valor de 5,50 pesetas. Al finalizar el semestre, se repartían los beneficios (que las cooperativas denominan "exceso de percepción") entre diversos conceptos, la proporción de los cuales dependía del volumen de beneficios.

Una parte para los gastos de la cooperativa, otra para fines sociales; y, en tercer lugar, una parte (solía ser un 30%) para los compradores. Entonces se canjeaban los vales por una cantidad de dinero proporcional a las compras efectuadas; evidentemente no se recibía el dinero equivalente al valor facial de los cupones, sino una proporción que solía estar entre el 5 y el 10%. Todo dependía de los beneficios que se consiguieran y de que éstos fueran suficientes para pagar a todos los compradores la proporción de las compras realizadas. Si al cerrar algún semestre no se obtenían beneficios, sencillamente no se repartían éstos entre los compradores.

Sin embargo, lo que sí han explicado algunos testimonios orales es que estos cupones se usaban algunas veces como moneda, cuando alguien no disponía de efectivo, siempre que su valor a la hora de canjearlos por efectivo al final del semestre no fuera demasiado superior al valor que se quisiera satisfacer. Obviamente, quien aceptara uno de estos cupones como forma de pago debía de estar medianamente familiarizado con La Nueva Vida y estar enterado de los beneficios que se iban acumulando. Ello se podía saber al final de cada mes, cuando la Junta General de socios y accionistas adelantaba el importe líquido que había disponible para repartir.

Por lo tanto, un cupón de una peseta, por ejemplo, según como evolucionara la acumulación de beneficios, podía aceptarse como pago por valor de entre 5 y 10 céntimos (entre el 5 y el 10% al que hemos hecho referencia anteriormente).

Los ejemplares de cupones que hemos podido localizar comprenden tres valores: 10 céntimos, 25 céntimos y una peseta. Casi todos ellos pertenecen a la sección de mercaderías, que recordemos era la más antigua e importante, pero como se ve en la catalogación anexa también los hay de la sección de tejidos (sólo hemos localizado uno de una peseta); cabe suponer que los hubiera de cafés y de panadería, pero todavía no los hemos visto. Por lo que respecta al material en que están impresos, se trata de una especie de papel secante, aunque los ejemplares que parecen ser los más antiguos son de cartón y van marcados con un sello en tinta de la cooperativa y otra impresión distinta indica su valor. En cuanto a su diseño, si bien conserva la sencillez característica de este tipo de cupones a lo largo de los años, existen numerosas variedades de tamaños y tipos de letra. Otra característica curiosa de estos cupones es que a menudo aparecen con una de las esquinas recortadas. La teoría que de una forma más verosímil podría explicar este hecho es que estos cortes fueran realizados por los mismos cooperativistas para invalidar los cupones al canjearlos por dinero. Los ejemplares más antiguos de cartón aparecen sencillamente cortados por la mitad.

Cabe preguntarse también si todo aquel que comprara podía recibir beneficios ¿cuáles eran las ventajas de ser socio? Ser propietario de acciones de La Nueva Vida no daba derecho a percibir directamente beneficios económicos, que como hemos visto sí daban los cupones. Sin embargo, tener acciones (y por tanto, ser socio) daba derecho a acceder a cargos de la Junta Directiva y a las diversas obras sociales de la cooperativa: sus escuelas, su sección médica de auxilio mutuo (la cual cubría, por ejemplo, las bajas laborales), o su caja de pensiones para la vejez, siendo sus primeros beneficiarios los miembros que fundaron la cooperativa en 1907. Por cierto, cada acción costaba 50 pesetas, las cuales podían pagarse a plazos. La práctica más habitual era que el socio que quisiera adquirir una acción pagara 10 céntimos semanales hasta llegar a las 50 pesetas.

Finalmente, el estallido de la Guerra Civil terminó repentinamente con La Nueva Vida y la Hormiga. Se tienen noticias de que el 19 de julio de 1936 se suspendieron sus actividades, se subastaron sus bienes y 22 de sus componentes fueron ejecutados. Hoy en día, todavía hay gente en Llucmajor que afirma que algunos de ellos fueron transportados hasta Cabo Blanco (una zona de acantilados cercana a Llucmajor, en la Bahía de Palma) donde fueron echados al interior de una profunda sima. Es un hecho conocido que debido a su prosperidad y precios ventajosos había llegado a convertirse en una dura competencia para muchos comerciantes de los alrededores, y también, a causa de su mentalidad obrera y su actividad a favor de la solidaridad y el bienestar de los llucmajorers, además de su autogestión puramente democrática, fuera del alcance de la autoridad, debió ganarse muchos enemigos entre numerosos empresarios y las mentes más reaccionarias de la época. Por ello no es extraño que, al igual que ocurrió en tantísimos otros lugares de la geografía española, hubiera mucha gente que quisiera ajustar cuentas con sus responsables.

Agradecimientos:
- Manel Santana i Morro, escritor, historiador y profesor de la Universitat de les Illes Balears, por su inestimable contribución documental en la realización de este artículo.
- Antoni Calero, por la cesión desinteresada de la colección que ha ilustrado este artículo.

Catalogación


1 peseta, cupón de cartón


Cupones de cartón, cortados por la mitad, seguramente tras haber sido cambiados por efectivo.

10 cts. (Mercaderias). Variedad I

10 cts. (Mercaderias). Variedad II

10 cts. (Mercaderias). Variedad III

10 cts. (Mercaderias). Variedad IV

25 cts. (Mercaderías). Variedad I
Cortado por cambio por efectivo

25 cts. (Mercaderías). Variedad II
Cortado por cambio por efectivo

25 cts. (Mercaderías). Variedad III
Cortado por cambio por efectivo

25 cts. (Mercaderías). Variedad IV
Cortado por cambio por efectivo

25 cts. (Mercaderías). Variedad V
Cortado por cambio por efectivo

25 cts. (Mercaderías). Variedad VI
Cortado por cambio por efectivo

1 pta. (Mercaderías). Variedad I

1 pta. (Mercaderías). Variedad II


1 pta. (Mercaderías). Variedad III


1 pta. (Mercaderías). Variedad IV

1 pta. (Mercaderías). Variedad V

1 pta. (Mercaderías). Variedad VI

1 pta. (Tejidos). Variedad I